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Las niñas y niños del Primer Ciclo nos lo van a contar:

 

Ícaro: Yo quiero hacer una pregunta a Marta, porque Marta, como es bailarina, yo quiero saber si el cuerpo tiene memoria.

Marta: El cuerpo, eh, el cuerpo es que tiene libertad, tiene memoria, tiene, también, como inspiración.

Leire: ¿Qué es la inspiración?

Marta: La inspiración te la transmite el aire.

Esther: Transmitir es comunicar, llevar de un sitio a otro,

Ana: ¿inspiración es algo invisible que esta por aquí, por el aire? Y, de pronto, yo me lo cojo.

Marta: No, el cuerpo.

Ana: Mi cuerpo lo coge.

Marta: Sí, y todo lo que llevas en el cuerpo lo expresas. Todo se queda contigo, pero también puedes como… expresarlo.

David: Marta, yo, también toco. Y también sé, como tu dices del cuerpo, que los dedos, mi cuerpo, tienen memoria. Porque yo, muchas veces toco, y no estoy pensando en lo que estoy tocando y es porque ya lo he practicado muchas veces y ya de tanto practicarlo, los dedos, se lo han metido en su memoria, y llega un momento en el que yo puedo estar pensando en otra cosa, mirando lo que esta pasando, pero estoy tocando la guitarra y no necesito decir: ay, ¿cómo era esto? Porque ya se lo saben los dedos. Eso lo he comprobado yo.

Niña: A mí me pasó que cuando empecé con el piano... que algunas veces me lío un poquito pero cuando ya lo tengo practicado... los dedos sueltos.

Ana: ¿Se mueven solos?

Marta: Sí, y las manos tienen como una vibración y también es como visualizarlo.

David: ¿Visualizarlo? Tus dedos ven.

Ícaro: O sea, que la memoria no está solo en la cabeza.

Varios: No … en el corazón … en los dedos … en todo el cuerpo … en las manos … en todo … está en todo

Ícaro: Y, hablando de memoria. Memoria ¿solo tienen las personas? O ¿el colegio?¿tiene el colegio alguna memoria?

Varios: sí, sí tiene.

 

 

Noa: Que yo quería decir una película que trata de la invasión de cuerpos. Que cuando te duermes hay un ser que te absorbe todas tus ideas.

Ana: Es que esta niña, su padre, cree en la invasión de cuerpos.

Noa: Y, de unos capullos como de plantas, sale un "nobutú" y es como una vida sin amor.

Otra: Sin color.

Otro: Sin sentimientos.

Noa: SÍ, sin sentimientos, y ya no sabía qué hacer.

Ana: Claro, porque te habían sacado los sentimientos, los recuerdos.

Noa: Claro

Aiala: O sea, que te han borrado todo.

Ana: Como cuando se te borra todo en el ordenador o en el móvil.

Niña: Quiero contar que estaba haciendo experimentos ayer, que mi madre que se sabe de memoria todas las canciones que toca con el bajo... que estaba conmigo hablando y los dedos todos se lo hacían todo, se sabían la música.

Marina: Yo tengo recuerdos porque Mary, mi abuela, recuerda todo lo que hacia de niña.

Nagore: Yo un día fui a ver, a escuchar, un concierto a un sitio, a la biblioteca a la que voy yo, y había una chica que tocaba la guitarra y a la vez seguía cantando, la guitarra eléctrica, tan tranquila, haciendo las dos cosas, a la vez cantando.

Ana: Vaya, algunos no somos capaces ni de hacer solo una de esas cosas, y ella, las dos. Oye, me ha parecido muy bonita la pregunta que ha hecho Ícaro y la hemos dejado ahí, ¿el Trabenco tiene memoria?

Varios: Sii, mucha.

Ana: Y ¿qué recordará Trabenco? En este momento ¿estará recordando? Bueno, no sé, ahora, lo estará viviendo …

Hablan muchos a la vez.

Esther: A ver, Laura ¿tiene memoria Trabenco?

Laura: Sí, puede recordar a todos los profesores/as y a todos/as los/as alumnos/as que ha tenido.

Hugo: Recuerda el pasado, por ejemplo, cuando mis padres estaban aquí, en Trabenco.

Ana: Pero no en este Trabenco, en el otro.

Hugo: Bueno, sí, en el otro.

David: No, y en este, en este también.

Hugo: Mi padre recuerda todo de cuando estaba aquí.

Ana: Ah, pues se acordará de tu madre.

Marcos: También puede recordar… Mira, os voy a decir una cosa personal que recuerda Trabenco. Que un vecino mío trabajaba aquí y su  hijo también era alumno.

Ana: Ah, ¿y el padre era profesor?

Marcos: No. Trabajaba los Cabezudos. El hizo los Cabezudos con amigos suyos.

Ana: Y ¿se llamaba Ramón?

Marcos: No, José.

Ana: Ah, José. ¿Tiene un hijo que se llama Alejandro?

Marcos: Sí. Y José es calvo.

Esther: Y la mamá se llama Sara. Dale recuerdos de Trabenco, jajaja.

David: Pero José no se ha ido de Trabenco porque viene todos los viernes por las tardes a ensayar una obra de teatro, con sus amigos que también eran del colé.

Ana: Y ¿dónde guardará Trabenco sus recuerdos?

Una niña: En el corazón.

Leire: El duende Cascabel  los guarda.

Niña: Que Trabenco sí que tiene memoria y muchos recuerdos, porque cuando seamos mayores o mañana recordemos este momento y todos los momentos que hemos pasado con el Colectivo Lisarco que nos han gustado y que lo hemos pasado bien.

Valentina: Trabenco tiene memoria porque es como una persona. Por ejemplo por donde entras es su boca y nosotros somos su comida. Y la puerta de atrás es su culo…,

Ana: Guauuu, Valentina acaba de hacer una metáfora.

Valentina: …Y cuando salimos nos está “vomiquetando”, nos está vomitando.

Otra: Nos come, nos devuelve a la calle y cuando estamos dentro hace la digestión.

Alex: Los recuerdos los tienes en tu corazón.

Nagore: Que muchas cosas que hemos hecho en Trabenco, como los Proyectos, como los libros... los Proyectos se van quedando en Trabenco y la memoria de Trabenco es como que está en los libros, en las cosas que hemos hecho todos/as juntos/as, por ejemplo, ahora, las instalaciones o los libros de proyecto, o la fuente cuando la hicieron. Las cosas que vivimos en Trabenco es como que se quedan todas en la vida.

 

David: Quiero decir una cosa, tú sabes cuántos años hace que nació Trabenco? Este año hace...

Un niño: Cuarenta y cinco años.

David: ….Este año a lo mejor hacemos que muchas personas que ya no están en Trabenco pero que han estado, que han sido niños/as de Trabenco... a lo mejor conseguimos que este año vengan y nos cuenten un montón de cosas sobre el Trabenco, ese que vivieron ellos/as para que todas y todos podamos seguir perpetuando esa memoria …

Ana: …Y compartiremos recuerdos

Marcos: Pues ¡puedo invitar a mi vecino a que venga!

David: Claro.

Leire: Y cuando estemos en sexto y nos vayamos del cole Trabenco nos seguirá recordando.

Ícaro: Antes de irnos os quiero contar una pequeña historia porque, a veces, con la memoria lo que pasa es que no sabe uno si es verdad o no es verdad o si de tanto contarlo se ha convertido en verdad. Con los sentidos muchas veces traemos la memoria. Pues conocí a una señora que lo que quería era no olvidar nunca sus recuerdos de la infancia . Y, ¿sabéis que hacia? Tenía un “armarito” en su casa lleno de botes. Guardaba los olores en botes. Había una panadería a la que ella iba siempre de pequeña a comprar el pan y tenía un olor muy especial, así que lo recogió en su bote, y así, después lo cogía, lo olía y ¿sabéis lo que pasaba? Se despertaban un montón, pero un montón de recuerdos y se empezaban a salir del bote. Recuerdos que tenía olvidados, solo con ese olor volvían.

Esther: Y, ¿se le dibujaban en la cabeza?

Niña: Ah, pues vamos a la panadería, cogemos un trozo de pan y lo metemos en un bote y…

David: Ah, es verdad, recuperamos muchos recuerdos con los sentidos, con el tacto, con la vista…  

 

Ana: Sí, y es verdad, con el olor te acuerdas de muchas cosas.

Esther: Pues yo no soy una persona mayor ni una abuela pero os voy a contar lo que me pasó. Hace cincuenta y pocos años nací en Buenos Aires que está al otro lado del Atlántico, en Argentina, y cuando cumplí cinco años mi papá y mi mamá cogieron un barco y me trajeron a España a vivir a Alcorcón ¿Qué ocurrió? Que me hice mayor aquí en España. Y, cuando empecé a trabajar, con mi primer sueldo que yo gané, me fui, con mi hermana y unos amigos, a conocer el país donde yo había nacido. Porque yo solo había vivido mis cinco primeros años allí y no me acordaba nada más que de los sitios y personas, los lugares, que había visto en las fotos del albúm con mi padre y mi madre . Solo me acordaba de lo que ellos me habían contando. Pero, mi cerebro no se acordaba de nada. ¿Sabes lo que me pasó? Que cuando fui a casa de mi familia, a casa de los amigos de mis padres, pues yo al entrar no conocía nadie. Y, de repente, me venía un olor y, decía:  anda, ya sé, ahí esta la cocina y huele a arroz con pollo porque los domingos íbamos allí a comer arroz con pollo. En ese momento, sin embargo, no había cocinado arroz con pollo pero había algo que olía igual que cuando yo era pequeña y acudíamos allí a pasar el domingo.  En casa de mi tío ¿qué me pasó? Que vi un patio con una pared azul celeste entonces dije: Ahí había una parra con uvas. Y me dijeron que sí, efectivamente.

David: Lo tenías ahí, guardadito, guardadito.

Esther: Si, y los olores y los colores los hacían salir.

Ana: Anda, a lo mejor la memoria tiene muchos cajones que tenemos que abrir para que salgan los recuerdos, ir sacando todo lo que encontramos dentro…

Ícaro: Antes de irnos quiero contaros otra historia que tiene que ver con la memoria, que tiene que ver con conocimientos que se aprenden, matemáticas, geografia, esas cosas. Había un señor que se fue a China a vivir. Y, ¿qué pasaba allí cuando llegó? Que todo el mundo hablaba en chino. Dificilísimo para él hacerse entender. Tenía que aprender rápido a hablar en chino, pero, debía aprender más de 10.000 palabras para poderse explicar. ¿Qué haría para recordarlas? Muchas veces había soñado con un palacio chino cuando estaba en su país. Cerró los ojos y evocó, evocó, hasta que visualizó en su imaginación todos los detalles más importantes del castillo y se imaginó entrando y dejando una palabra en cada una de las habitaciones siguiendo el pasillo. Y llegó un momento en que se terminaron las habitaciones que recordaba haber visitado en sueños en otras ocasiones. Así que decidió  conforme aprendía una nueva palabra inventar una nueva habitación. Y fue así como llegó a construir el Palacio de las Mil palabras.

 

Hablan unos entre otros muy animados.

 

Niña: Ese sería el Palacio de la Memoria china.

 

 

Ana: Aroa quiere hablar.

 

Se va diluyendo el murmullo.

 

Aroa: Pues, antes de irnos, de lo que ha dicho David que van a venir padres. Pues que también si yo puedo invitar a mi abuelo, que fue uno de los primeros que construyeron el colegio.

David: Claro que sí.

Ana: Pero ¿cómo no va a venir el abuelo? ¡y la abuela!

Esther: Claro, fueron los fundadores del Colegio.

Ana: Bueno, ahora escuchamos para ver si tienen algo que decir Aiala o Ícaro.

Icaro: Mirad, tenemos las grabadoras, y tambien las cámaras. Y nos ayudan a recordar todo. Estas vacaciones me acordaba de vosotros/as y decía: ¿Qué haré ahora sin ver a los de Trabenco? Así que fui visionando los vídeos que habíamos grabado, y editando un vídeo resumen. Salen todas las historias que hemos contado. Y como hemos hecho las instalaciones.

Esther: Ah, pues dejadnoslo para verlo en clase. ¿Quereis verlo?

Varios: Siii...

Una niña: Pero en clase no cabemos todos, mejor ir donde está el ordenador.

Ana: Lo podemos ver en la pizarra digital. Y, antes de irnos hay que recordar. ¿Qué recordar? Lo que dijimos al principio del Taller ¿qué? Que se terminó una parte del proyecto de TrabenCocrea y ahora empezamos otra. Hasta ahora habiamos estado investigando, pero ¿ahora? Ahora empezamos a crear. Nos toca ser creadores y creadoras

Niño: Claro

Ana: Creadores de…

Varios: De danza… de música… de escenografía.

Ana: Si, y muy importante: ¡Creadores de historias! una historia que tenga que ver con todo lo que hemos dicho de la memoria.

 

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