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Primera sesión con Primer Ciclo tras las vacaciones navideñas. La asamblea se centra en poner en común todo lo que recordamos de lo último que hicimos antes de irnos de vacaciones, lo que decidimos y compartimos. Se trata de comunicar a Colectivo Lisarco todo lo que se ha ido acordando en las aulas de Primero y Segundo .

 

Aiala (Colectivo Lisarco) les felicita por su actuación en el Pasacalles durante la Semana Mágica y les agradece haber podido estar presente; desde Colectivo Lisarco se quedaron admirados/as por la actuación y percibieron, asegura Aiala, la incorporación de muchos aspectos trabajados estos meses atrás en Trabenco. Así, pensaron desde Lisarco, si habían sido capaces de hacer eso esta vez, era seguro que la pieza que ahora trataban de cocrear sería muy buena, quedaría muy bien y podría mostrar lo que en tantas sesiones se ha ido produciendo y creando.

 

Tras este comentario, Aiala les pide que recuerden cómo acabamos el trimestre, y lo hacemos en grupo: visionamos un vídeo en el que pudimos ver todo el proceso para hacer la escenografía en el árbol del patio, las historias y las danzas de esas historias; también “hablamos un poquito de lo que teníamos que elegir, ¿qué queríamos hacer en la creación de la danza cada una de nosotras y nosotros?, ¿danza, música o escenografía? Y también se podía hacer fotos …”, recuerda una niña; además, habían prometido llegar a esta primera sesión con una decisión tomada así que Aiala les pide que expliquen cómo han hecho los grupos.

 

Repartimos  tareas. ¿Qué te pides hacer tú? Vale, ¿que haré yo?

 

En esta primera sesión del trimestre no se trata tanto de decir en qué grupo estamos, como de asegurar las decisiones tomadas y aclarar las ideas de qué pretendemos hacer, y cómo vamos a colaborar y evaluar juntos el proceso seguido hasta nuestra elección. Crear es hacer algo libre que nace de nuestro interior, por eso es muy importante que cada una, cada uno, esté realmente en el grupo que hará aquello con lo que cada cual se sienta más identificado. Y nadie manda, es una decisión personal.

 

 

Vivir en grupo, hacer las cosas en grupo, exige mucha creatividad social. Los/as miembros del grupo tienen que decidir, por ejemplo, cómo se formarán los grupos. Estas niñas y niños solamente han acordado imponerse dos condiciones: por una parte, en cada grupo habría chicos y chicas; por otra, en cada grupo habrá un número de miembros similar, así se evitará que muchas personas elijan uno de los grupos y muy pocas el otro.

Los/as niños/as recuerdan que dividieron, sumaron, multiplicaron y dedujeron cuántas personas tendría que haber en cada grupo: “seis o siete en cada uno porque somos 25 en cada nivel, veinticinco entre cuatro”.

 

Recuerdan que, sin embargo, ocurrió que al tomar las decisiones individuales y ponerlas en común se encontraron con que los grupos no reunían las condiciones acordadas, así que nos explican tuvieron que emplear un tiempo para hablarlo, saber qué problemas tenían algunos/as y ver cómo iban resolviendo cada caso.

Al repasar si todas y todos estaban satisfechos/as, nos dicen que se dieron cuenta de que cumplir la norma y mantenerse en ella es complejo, y que hay casos que ponen en duda si la norma no puede tener más de una lectura y aplicación.

 

Esther, la tutora de Primero, pide a Vera, una de las niñas de ese curso, que cuente lo que ocurrió en su clase. “Que en el grupo de música casi todas eran chicas y en el grupo de escenografía casi todos eran chicos”, explica Vera.

Añade Esther: “Pero, Iratxe, que es muy generosa, se ha ofrecido para cambiar de grupo. Y Nicolás tiene una teoría...”.

Nico nos cuenta lo que él piensa qué hay que hacer si en un grupo, por ejemplo, hay cuatro chicos y dos chicas. Dice que “no importa si es chico o chica, un chico valdría como si fuera una chica”.

La tutora le pregunta si aplicaría él esa teoría, “¿está dispuesto Nico a ser la chica de su grupo? Tiene que pensarlo bien porque a lo mejor ocurre que lo que le pasa a Nico es que no quiere romper el grupo que forman los cuatro amigos... ¿se quedará entonces como chica para seguir con sus amigos y hará lo que no ha elegido libremente hacer?”.

Nicolás contesta que “lo importante no es lo que cada uno hace, eso no es importante, lo importante es que haya un grupo”.

Reflexiona en voz alta Esther: “Pero, ¿el grupo para qué es?, ¿para ser amigos?”. Nicolás: “No, yo creo que es para hacer lo que te toca”.

Ana: “¿Sí? ¿Lo que te toca o lo que eliges?”.

Los demás opinan y piensan que no haces lo que te toca, sino lo que eliges hacer. A lo largo del diálogo se lanzan algunas preguntas: ¿Elige él hacer música como si fuera una chica? ¿Sería distinto lo que hace una chica de lo que hace un chico en un grupo de música? ¿Cómo haría para hacer “como si fuera una chica”?

 

Al revisar los grupos se dan cuenta de que alguno tiene más miembros de los previstos o que ciertos miembros de algún grupo dicen no estar donde quieren estar y desean cambiar. En medio de la conversación, una niña recuerda al grupo: “Pensamos al principio que el grupo de danza estaría lleno de niñas, y no ha pasado eso. En el grupo de danza están muy igualados. Solo en uno de los grupos había muchas chicas en danza y muchos chicos en música. Ahora, el que rápidamente ha estado equilibrado ha sido el de escenografía, con tres chicos y dos chicas. Y ha quedado bien porque Iratxe se ha ofrecido.”

 

No solo Nicolás pone en duda cómo establecer la norma que se han impuesto y no dejar de hacer lo que a cada cual le apetece hacer. “Iratxe es la única que se ha cambiado con Samuel para que pudiera él hacer música, renunciando a su primera elección porque le daba igual cambiar y hacer escenografía”, indica una niña.

Si alguien más no cambia, no se cumplirá la norma establecida. Pero hay que cambiar sin sentirse forzado, razonado, buscando entre todos y todas una solución satisfactoria.

 

Así nos vamos enterando que la flexibilidad o la generosidad de algunos ha sido lo que ha facilitado que los grupos terminaran siendo más paritarios. Pero eso es una decisión voluntaria. El problema también se puede solucionar si hablan entre sí las personas descontentas y consiguen cambiar entre ellas de grupo. Como parece que algunos/as han terminado en un grupo en el que no quieren estar,  Aiala les pregunta a ver si “ahora, ¿todos estáis satisfechos con la elección o hay alguien que no está contento/a en el grupo en el que está? ¿Alguien no está a gusto donde está?”.

Samuel contesta que está en música, pero que quería escenografía. Y como al principio no se decidía la tutora le puso en las dos. Luego pareció que quería música, y la tutora le puso en música y ¿ahora? Ahora tendrá que hablarlo con alguien de escenografía para ver si se puede cambiar.

 

Por otra parte, parece ser que los/as de Primero, y el mes pasado, rápidamente hicieron su elección, pero que hoy empiezan a dudar de si desean formar parte de ese grupo o realmente quieren cambiarse a otro. Esther les recuerda que “al principio se tomaron las elecciones con muy buen criterio, teniendo en cuenta los gustos y aficiones de cada cual, y después han cambiado de criterio al ver la composición de los grupos. Así, se han propuestos cambios, pero hay que pensarlo bien porque a veces pensamos que queremos cambiar porque queremos estar en el grupo con nuestros mejores amigos... Pero tenemos que pensar que con los amigos podemos estar en cualquier momento, y que quizá hacer lo que realmente nos gusta, aunque sea con otros/as que son menos amigos/as, quizá sea más importante que hacer lo que hacen los demás, que no es lo que a nosotros nos gustaría hacer. Hay que pensarlo y decidir. El proyecto de cocrear una danza es muy potente, y merece que hagamos lo que realmente queremos y lo hagamos con todo nuestro ser”.

 

Primero de Primaria (especialmente) y Segundo son dos cursos en los que niñas y niños se identifican mucho con sus iguales. Descubren a los “colegas” y desean sentirse miembros pertenecientes a determinado grupo. Hacen las cosas porque las hacen sus amigos. Madres, padres y tutores se cansan de decir “¿Por qué haces eso?”. Y la respuesta suele ser “porque lo hacen mis amigos”.

Hay además otra dificultad: niñas y niños son ahora conscientes de los roles sexuales, y, aunque en este centro se trabaja mucho la equidad de género, no desaparece esa tendencia a “los chicos con los chicos” y “las chicas con las chicas” típico de este estadio evolutivo.

Ellos/as saben que si hacen “como los mayores dicen que hay que hacer” no conseguirán su actual propósito: ser aceptado como parte de un determinado grupo de amigos/as.

Ellos/as saben que en la sociedad están los/as mayores con sus cosas, y ellos/as mismos/as y sus iguales con las suyas.

Y saben que en Trabenco, los y las profesoras, continuamente hablan de todas y todos, y ponen de manifiesto el sexismo.

 

La creatividad social en esos momentos les plantea problemas que deben resolver entre ellos: desde quién manda, hasta encontrar ciertos códigos, ritos o señales que les asemejen a sus iguales y les hagan ser colectivo diferenciado de los adultos, y de otros grupos de edad; saben lo que es ser los mayores de Educación Infantil.. y ahora son los pequeños de Primaria.

 

Ahora se están configurando como grupo y cada cual quiere encontrar su sitio propio sin quedar excluido/a. A lo largo de la educación infantil la madre y el padre han ocupado un lugar relevante, pero ahora la meta es conseguir pertenecer al grupo de los/as amigos/as y “los iguales” son sus modelos.  

 

Va quedando claro que lo importante es elegir qué hacer, y que la respuesta no es “hacer lo que hacen mis amigos/as, sino hacer lo que yo decido hacer”. Una cuestión esta difícil de resolver, que precisa tiempo y reflexión. Y, en algunos casos, contradice el impulso inmediato.

Es conveniente tener todo esto en cuenta para entender por qué valoran, por ejemplo, como muy generoso que Laura y Nagore estén dispuestas a cambiarse de grupo para salvar la condición de igualdad de género.

 

Con todo, se llega a la conclusión de que solo a Marcos, que no estuvo en su momento, le ha tocado lo que quedaba libre y no ha tenido ocasión de elegir. Los/as demás sí. Unos/as han tenido muy claro desde el principio lo que querían. Algunos/as no se decidían entre dos grupos y finalmente han optado por pasar a aquel en el que podían solucionar que hubiera el mismo número de chicos que de chicas. Una niña comunica que a ella le hubiera gustado ir a danza, pero que se dio cuenta de que había un problemilla y se cambió.

 

Una niña pregunta: “Samuel, ¿tu no querías estar en música?”.

Samuel: “Es que yo quería escenografía y Esther me ha puesto en música”.

Esther: “¡Ah! ¿te he puesto en música al final?”.

Samuel: “Sí, es que creías que eso quería yo, pero al final, me has borrado de música”. Esther: “Es que como estaba malito le puse en las dos”.

Preguntan si alguien querría cambiarse con Samuel y pasar a música. Se ofrece una niña, pero ella está en danza y Samuel quiere escenografía. Queda el tema aparcado para seguir hablándolo en clase y encontrar juntos/as la solución.

 

Ana recuerda que, para ir dando una idea total a los miembros del Colectivo Lisarco de todos los temas que han aparecido en los distintos momentos en los que se han planteado la formación de los grupos, sería importante contarles además otras cuestiones interesantes que estuvieron debatiendo y que nos ayudan a entender en qué consiste lo que le corresponde hacer a cada uno de los grupos; saber en qué consiste a lo que te comprometes si estás en ese grupo es también importante a la hora de elegir lo que harás.

 

Recuerdan entre varios que “algunos pensaban que danzar era solo bailar, pero otros recordaron que había que tener en cuenta que danzar no era solo bailar”.

Le piden a Manu que concrete lo que él dijo: “La danza es más de lo que tú crees. Tú puedes creer que es solo bailar, pero también pueden ser historias. Historias que cuentas con tu cuerpo. Como hacen Marcos, Marta y Aiala cuando bailan”.

Es una precisión que tienen que tener en cuenta los que bailan.  

 

Para que quede claro todo lo que hay que tener en cuenta para elegir el grupo, no basta solo con saber lo que se hace en ese grupo, sino que hay que estar seguro/a de que eso es lo que más te gusta hacer  a ti.

También hay que tener en cuenta si te crees capaz de hacerlo, o si te gustaría hacer algo pero te sientes inseguro/a y acabas no eligiéndolo por vergüenza, porque piensas que no sabes hacerlo.

Nos relata Ana: “ha habido diálogos muy interesantes sobre cómo algunos/as no querían danzar porque les daba apuro o vergüenza, y cómo a pesar de que otros/as les han ofrecido estrategias para vencer eso y poder hacerlo como un reto, han dicho que no porque no lo veían claro”.

Marta es una de esas personas que ha intentado convencerles de que podían hacerlo. Ella les ha contado su estrategia: “Me concentro en la música y hago lo que me dice la música sin preocuparme de dónde estoy y de los demás, sin saber dónde estoy...”.

Ante lo cual, algunos/as le han preguntado: “¿Sin mirar? ¿Y si te pegas contra una pared?”.   

La cuestión es seria y la estrategia de Marta muy interesante, pero se producen risas cómplices.

 

Llegados a este punto queda pendiente volver a revisar en la Asamblea del aula las decisiones tomadas y los dos o tres casos de personas que no terminan de estar contentas con su decisión; y es que, a partir de ahora, cada especialidad se centrará en talleres específicos.

 

Antes de terminar la sesión Ana nos recuerda que “es importante que tengamos en cuenta que ahora empezamos otra parte de #TrabenCocrea. Ahora empezamos a crear. Hasta ahora hemos estado investigando sobre creación, danza, escenografía… pero, ahora nos toca empezar a crear: ser creadores/as de danza, creadores/as de música, creadores/as de escenografía y, muy importante, creadores/as de historias. Tenemos que crear entre todas y entre todos una historia que tenga que ver con todo lo vivido”.

Y una niña llena de perplejidad replica: “¡Ostras¡ ¿Ahora? ¿En tan poco tiempo?”.

 

 

 

 

 

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