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¿Qué lugar ocupa el arte en la vida cotidiana de las niñas y niños en la ciudad? Las administraciones educativas de este país llevan unos años demoliendo las Humanidades y las Artes, y “arrancándolas” de la escuela. Consideran que son saberes inútiles, improductivos. Se jactan de progresistas introduciendo la formación de emprendedores o la economía cotidiana, preparando a niños y niñas para ser en el futuro empleables en cambiantes puestos de trabajo, preferiblemente sostenidos por ellos/as mismos/as, como trabajadores/as autónomos y negándoles su derecho a una educación para la ciudadanía o a una formación en Derechos Humanos. A eso le llaman innovación, aunque no invierten en I+D.

 

Todo en la vida de un niño o de una niña educa, deseduca, maleduca. Todas sus horas son lectivas, horas de aprendizaje. No se despliega su originalidad, ni su desarrollo por aprender de memoria conocimientos seleccionados y ordenados de ciertas áreas. Se habla de hacer personas competentes para la vida, negándoles la posibilidad de aprender a ser, a vivir en grupo, a explicarse el sentido de la vida explicándose el sentido de esos pequeños sucesos que ocurren cada día, utilizando la larga niñez en aprender a aprender, jugando.

 

En Trabenco, sin embargo, no se sigue esa corriente de negar el derecho a niñas y niños a gozar de su infancia, sino todo contrario. Y es objetivo de Colectivo Lisarco crear un clima cálido y de ternura donde no se obvie el conflicto, pero se busque resolverlo con armonía, entre todas y todos. Estas personas adultas que están implementando juntas el proyecto Nuevos creadores quieren convertirse en nuevos creadores de infancias más felices y capaces.

 

 

Mirar el mundo con ojos de niña y niño. Recorrer las calles recogiendo basurillas que se convierten en tesoros cuando juegas con ellas. Empatizar con las criaturas, visualizar sus posibles reacciones cuando vas a hacerles una propuesta. Poner toda tu ternura en la selección de las propuestas. Son algunos de los procedimientos metodológicos que se vienen empleando a lo largo de este proyecto.

 

Ícaro (Colectivo Lisarco), al bajar del tren de Cercanías y caminar hacia Trabenco, descubrió unos rodamundos, nubes del desierto o norias, también llamadas corredoras que, una vez fructificadas, son arrastradas por el viento de manera que sus semillas o frutos, llamadas por eso diásporas, se sueltan y se dispersan. Verlas le hizo mucha ilusión y las cogió. Mientras caminaba, Ícaro imaginó la sorpresa de los/as niños/as con los que ese día trabajaría; era lunes, así que sería con los grupos de 1º y 2º. Les propondría colgar las corredoras en un árbol del jardín y forrarlas con lanas de colores, seguro que les haría mucha ilusión... ¿o no?

Para las personas mayores los rodamundos forman parte del imaginario de las películas del Oeste, y/o de secuencias especiales de abandono y desolación. Para muchas generaciones ya hoy adultas, las nubes del desierto produjeron, en sus años de infancia, algo de miedo morboso, pero los símbolos y sus significados, de los/as que hoy son niños/as, difieren de los nuestros.

Ícaro suele dudar del interés que puede despertar en las niñas y niños lo que piensa proponerles. Supone que el proceso creativo se va tejiendo en la vida cotidiana, y que desde la poesía se reflexiona acerca de los sucesos y acontecimientos diarios. Es lo que intenta transmitirles.

 

 

El arte de vivir juntos/as. Algo sugiere, evoca, provoca acciones. Los hechos nos van conmocionando y el arte nos sirve para elaborar sensaciones, emociones, sentimientos, traumas. Y expresamos nuestras vivencias, cada cual a su manera, con sus símbolos propios, a través de diversas formas de expresión y representación.

 

Después de decorar el árbol y jugar libremente durante varias semanas, la instalación ha sufrido algunos daños y muchas reparaciones. Ícaro propuso a los/as niños/as crear historias que posiblemente sucedieran en ese árbol, y a continuación compartimos sus creaciones, curiosamente relacionadas con aquel “queso de leche de dragona” que surgió en otra de las sesiones anteriores, cuando trataban de poner nombre al dibujo colectivo surgido de una danza sobre la luna.

 

 

La dragona

 

Esta era una historia de mucho tiempo después de este día, cuando todavía estaba empezando esto (el mundo)...

Una dragona buscaba sitio para poner sus huevos. Cuando lo vio, le gustó el árbol, así que decidió cobijarse bajo él. Pasó la mañana camuflada entre sus hojas, y al llegar la noche, cuando todos/as se habían ido de Trabenco, comenzó a poner sus huevos.  Al terminar se fue, y todos/as comenzaron a machacar sus huevos hasta que salieron y se fueron a buscar a su mamá.

 

Los dragones

 

La dragona y el dragón no encontraban ningún sitio para poner sus huevos y entonces un niño de Trabenco les informo de que en en el colegio había un árbol donde podían hacerlo. Y entonces allí los niños y niñas de Trabenco trataron muy bien a los huevitos y entonces salieron los dragones y se fueron al mundo de los dragones.

 

Los capullos de las abejas coloridas

 

Había unas abejas que estaban en unos capullos. Los niños y las niñas los destruían. Entonces un día vino otra niña y los arregló, y las abejas se fueron con ella a su casa, pero sus padres le dijeron que no podían estar allí.

Así que la niña decidió que cada mañana iría con las abejas y las ayudaría, y que cada vez que el resto de niños/as se acercaran a destruir sus capullos, les explicaría que no lo podían hacer.

Y así un día los/as niños/as entendieron que destruir aquello no estaba bien, y decidieron acercarse y ayudar a construir lo destruido. Y se quedó el árbol muy bonito.

 

Los támbabos ya no existen

 

Había una vez un bosque que era especial porque había unos serecillos muy traviesos que salían de unos capullitos que eran de colorines. Esos capullitos eran como huevos, no eran capullos de seda, eran capullos duros, como un huevo duro coloreado. Y esos seres empezaban por la letra T de támbabos, ¡eran támbabos! Eran muy babosos y súper graciosos porque cada día iban a la casa de un niño o una niña, la despertaban y salían corriendo, y al día siguiente otra vez lo mismo, y al día siguiente igual.

Pero la gente comenzó a poner trampas para capturar a los támbabos y estos comenzaron a extinguirse. Ante el peligro de desaparecer, los támbabos crearon unas ruinas para que los niños y niñas de los colegios pudiesen visitarlas todos los días recordándoles; esas ruinas eran unos capullitos, unos huevos que se habían petrificado.

Y los támbabos se extinguieron por culpa de los humanos que los habían matado, pero sus sangres quedaron en un botecito con el que se hicieron babas y diamantes: “las babitas de támbabo” les llamaron.

 

Los dots

 

Hace mucho, mucho tiempo había unos capullos que eran de colorines. También había muchos bebés que se parecían mucho a las zapatillas y que siempre se despertaban por la tarde: cuando los niños y niñas se iban al cole siempre estaban dormidos, pero cuando se iban de casa les robaban todas las cosas, la tele, los Ipad... ¡todo! Nunca dejaban nada en ninguna casa. Hasta que un día vino la policía y les quitó todo lo robado. Y fin, se acabó la historia, todos a vuestras casas.

 

Los ladrones coloridos

 

Había una vez unos policías que siempre robaban todo, y cuando ya robaron la última cosa de todo, todo el universo, no había nada, no había nada. Solo había blanco, así que sus amigos policías preguntaron quién había robado todo aquello. Los policías ladrones dijeron “¡nosotros no!”, pero como dejaron una pista, los otros polis, que sabían mucho, la siguieron y descubrieron que habían sido ellos. Así que les despidieron, les llevaron a la cárcel, y cuando pasaron cinco años, murieron. Entonces se encontraron sus huesos ahí perdidos, y en la cárcel de sus huesos creció un árbol con capullos.

 

Los capullos de colores

 

Había una vez un cole llamado Trabenco donde un grupo de amigos/as hicieron un gran trabajo: un árbol lleno de capullos, como si ellos hubieran sido las arañas que los hubieran tejido.

Cuando terminaron de hacer los capullos, todos/as se reunieron y pensaron qué podía ser aquello, por ejemplo, dragones, un mundo de colores, pelotas de colores…

Entonces un día se pusieron muy tristes porque se lo destruyeron todo. Fin.

 

La vida de Trabenco

 

Había una vez un cole que se llamaba Trabenco al que vino una empresa que se llamaba Lisarco, y los niños y niñas de Trabenco tenían distintos talleres: los de primero con los de segundo, los de tercero con los de cuarto, los de quinto con los de sexto.

Entonces los de primero y segundo se dividieron por partes: unos hacían instalación, otros hacían música y otros danza.

Y entonces los que hacían la instalación hicieron una instalación muy bonita que era un árbol con capullos, con pelotas y muchas cosas.

Los niños y niñas de Trabenco, los/as más mayores y los/as pequeños/as, no cuidaban las cosas que hacían los demás y Trabenco se estaba quedando sin fuerzas para detener a los niños y niñas mayores que estaban rompiendo todo, todo. Entonces los niños de primero y segundo tuvieron que regañar miles y millones de veces a los niños de quinto, sexto, tercero, cuarto… y los profesores de Lisarco no aguantaban nada que hiciéramos eso con las instalaciones, entonces los niños de Trabenco procuraron cuidarlo más. Y fin.

 

Las formas de calaveras

 

Un día unos/as niños/as estaban viendo unos hilos con forma de calavera, una momia y un perro de Egipto, pero los rompieron, y al final construyeron un monstruo muy terrorífico y se imaginaron que era un monstruo de verdad que estaba todo el rato durmiendo… y tenían que hacer muchas cosas silenciosas para que no se despertara. Fin.

 

Los capullos de las mariposas

 

Había una vez unos gusanos muy grandes de colores como “así y así”, que iban por todo el mundo buscando un buen sitio para hacer sus capullos, para que después naciera una mariposa. Y buscaban y buscaban y buscaban, y cuando entraron en Trabenco encontraron un árbol perfecto, lleno de colores y todo, y empezaron a hacer sus capullos, que eran de colorines. Y cuando salieron las mariposas eran gigantes. Fin.

 

El árbol triste

 

Había una vez un árbol triste que no tenía hojas, y unos niños vinieron al árbol y creyeron que no tenía hojas, entonces se las pusieron y el árbol se quedó feliz. Fin.

 

 

 

La iniciativa infantil: la infancia activa y creativa

 

En los post que hemos dedicado anteriormente a relataros los diálogos mantenidos con niñas y niños en torno a la creación colectiva, o en las asambleas en las que se les ha pedido que pusieran nombre a lo que se había  creado en grupo, se les ha ido proponiendo que entre sesión y sesión pensaran en qué podría consistir esa pieza de danza que íbamos a cocrear.

Cuando vienen a la sesión, algunos/as traen aportaciones que han ido elaborando individualmente a lo largo de esos días, y como ahora estamos en el proceso de buscar y crear un argumento, nos ha parecido interesante incorporar en este post algunas de las propuestas que hemos recibido. La que a continuación exponemos es la de una niña de segundo ciclo (8-9 años) que por su cuenta nos trajo escrita la siguiente historia:

 

“Erase una vez, hace muchos, muchos años, vivía en un pueblo de Japón una mujer llamada Lisa pero todo el mundo la conocía como Lisi. Lisi tenía 28 años y vivía con sus hermanas y con sus padres. Bueno, su padre era ganador de yudo, pero su padre se había muerto, y Lisa estaba muy triste hasta que una mañana se acordó de algo y corrió hasta su madre, Mar: “Mamá, ¿puedo apuntarme a un concurso de yudo?”, le dijo, “Claro que sí”, le contestó su madre sonriendo. “¡Bien!” dijo Lisi, “es para ganar y ser como papá”.

El sueño de Lisi iba a comenzar, al día siguiente iba a ser el concurso. Lisi estaba muy nerviosa. Cuando entró no sabía qué hacer, si salir corriendo o aguantar el miedo. Tenía que competir con el hombre mas grande que había visto en la vida. Lisi decidió aguantar el miedo y con un movimiento rápido le ganó. Sus hermanas no se lo podían creer y su madre tampoco. Nadie se lo creía, pero era verdad. Le dieron dos trofeos y una medalla, y este cuento demuestra que hace muchos años se pensaba que las mujeres eran muy débiles y no lo eran. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.”

 

La capacidad de simbolización y la iniciativa personal de estas niñas y niños genera continuamente nuevas propuestas y caminos que reconducen los procesos hacia ricas direcciones. Sin duda, del viaje a Ítaca, lo mejor, es hacer camino en tan buena compañía.

 

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