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NOS EDUCAMOS A TRAVÉS DEL CONFLICTO

A lo largo del primer mes la acogida y el funcionamiento del proyecto Nuevos creadores por parte del alumnado ha sido buena. Han surgido pequeños problemas que se han ido abordando. Acostumbrada a hacer observación en la sombra en muchos centros educativos, os tengo que decir que me maravilla que en una situación de masificación como la vivida en los primeros talleres nunca se haya dado una situación agresiva, violenta, un conflicto entre iguales.

Evidentemente queda mucho por hacer, tanto por parte de Colectivo Lisarco y como por parte del equipo de tutoras/es, para facilitar un mayor grado de comprensión de la propuesta, pero a medida que las niñas y niños vayan haciéndose a la idea de en qué consiste el proyecto, se sentirán más seguros/as y lo harán suyo; tendrán más claras las respuestas a “¿qué vamos a hacer, cómo, con qué, dónde, para qué?, ¿qué se espera de mí?, ¿qué puedo aportar yo?”.

Las niñas y niños necesitan tiempo para aclarar ideas y comprender en qué consiste un proyecto como este y cómo puede ser su colaboración en el mismo. Aprendemos haciendo. Aprendemos observando lo que otros hacen.

 

“Si me lo dices, lo olvido; si me lo muestras, recuerdo; si me involucras, aprendo”

 

Benjamín Franklin

 

 

 

A continuación relato cómo los/as más maduros/as de CEIP Trabenco, los/as que tenían tan claro su opción por la creación colectiva, van haciéndose con el proyecto.

 

18 de octubre. Tercera sesión con alumnado de 5º y 6º.

 

Estas chicas y chicos tienen estupendas ideas y un alto grado de honestidad personal en sus asambleas, sin embargo pueden perfectamente sentirse desconcertados/as o desorientados/as en una improvisación artística. Puede suceder, por ejemplo, que algún miembro del grupo interprete erróneamente una pauta, no sepa qué hacer y se salga por la tangente envalentonándose y viéndose obligado/a a hacer alguna gracia para vencer la ansiedad que le produce improvisar una danza ante el resto. Cuando algo así ocurre puede que el grupo se contagie de esa reacción, provocando que una sesión que transcurría hasta el momento con aportaciones sentidas, delicadas y cuidadas, role bruscamente hacia una dirección caótica.

 

En la sesión del 18 de octubre, algo así ocurrió. El grupo que sufrió “el accidente” era ya el último de la ronda, y sus miembros se habían mantenido inquietos a lo largo de toda la sesión. Los grupos previos habían realizado actuaciones muy notables, pero al comenzar este nuevo turno algo ocurrió...

 

El grupo salió a escena junto a Aiala (Colectivo Lisarco), que con movimientos muy suaves puso una calabaza sobre la cabeza de un niño que estaba tumbado en el suelo. A continuación cogió sus pies y lo fue deslizando por el suelo en forma de medio círculo alrededor de la instalación que habían ido construyendo los grupos anteriores. Después tomó una escalera y suavemente la puso atravesada sobre el pecho del niño, en la cabeza colocó una puerta abierta, y entre ambas, la calabaza. El grupo observaba perplejo mientras deambulaba por el espacio sin saber qué hacer.

 

Aiala continuó danzando entre los objetos que componían la instalación, y el resto fueron situándose en torno a los objetos: de repente un niño reptó acercándose al compañero que Aiala había manipulado y, formando un semicírculo con el cuerpo, se tumbó a un lado primero y al otro lado después con suavidad, como si estuviera protegiéndole. Tras ello, otra compañera tomó la escalera y “liberó” a su compañero, colocando el objeto de pie en otro lugar de la sala.

 

Sin embargo y paralelamente, una dinámica distinta iba generándose (y generalizándose) en el resto del colectivo, provocando que unos espontáneos y aislados lanzamientos de algas redondas se convirtieran en el nuevo juego central del grupo: unas y otros movían las algas como si fueran pelotas; no bailaban, jugaban a encestarlas haciéndolas rodar, lanzándolas en la distancia.  

 

Dado que la juerga iba in crescendo, la música paró y todos/as salieron de escapada a su sitio. Al ver que estaba ya solo en el juego, un niño que se había colocado la calabaza en la cabeza para hacer la gracia, acabó rompiéndola en pedazos cuando, al intentar quitársela, se le escurrió de las manos.

 

Como observadora externa de toda la dinámica generada, interpreté que el grupo se había desorientado con la actuación de Aiala, entendiendo que la pauta “juego” habría de desplazar a la pauta “danza”, produciéndose como consecuencia una reacción híbrida donde el juego libre se impuso, aunque involuntariamente, de manera ciertamente turbulenta.

 

Los conflictos se resuelven dialogando y argumentando

 

 

Cuando algo así ocurre, la decisión en este proyecto es la de interrumpir la sesión y sentarse a hablar de lo acontecido. Os resumo mi percepción de la conversación:

 

Las tutoras, muy disgustadas, plantean que no entienden cómo puede darse una situación así. “Decís una cosa y hacéis otra”, aseguran dirigiéndose al alumnado; y es que en las asambleas previas se había acordado en grupo cómo cada participante iba a comportarse en el taller.

Las tutoras critican la falta de seriedad, el no pensar en la fragilidad de los materiales, y el dejar a un lado la danza para hacer “el tonto”. Muchas fueron muy  empáticas con Colectivo Lisarco, preguntando al grupo cómo se sentirían sus miembros,  “que han traído esos materiales, han seleccionado propuestas que fueran divertidas, y han dedicado mucho tiempo e ilusión en preparar la sesión”.

 

Las intervenciones de las tutoras llaman la atención sobre la asertividad, animando a aquellos/as que han intervenido en el caos generado, a explicar por qué lo han hecho. Y lo cierto es que con mucha valentía, honestidad y arrepentimiento, varios/as alumnos/as se sinceran como autores/as, expresando su sentir y pensar.

También insisten, las tutoras, en que el grupo piense cuáles deben ser las consecuencias: “Cuando alguien hace algo así tiene que haber alguna consecuencia, no basta arrepentirse y pedir perdón, hay que hacer algo para reparar el mal hecho”.

Y las propuestas que surgen en el grupo van en la línea de no venir a la siguiente sesión si no se sabe estar, en pegar lo que han roto, en traer cada uno/a algo que les guste mucho y usar esos materiales en la sesión siguiente, en ayudarles a recoger y reparar los daños causados, en pagarles lo que han roto, o en cuidar los materiales la próxima vez.

 

“Yo creo que ahora deberían hablar ellos y decir qué les parecen todas estas ideas y todo” propone una niña. Ésta es la respuesta de Colectivo Lisarco a esa petición:

 

Ícaro: Me han parecido buenas ideas. Igual, con algún tipo de pegamento, se puede pegar la calabaza. Y, bueno, yo creo, también, que cuando se convive en un grupo y pasan estas cosas, también nos ayudan mucho a aprender. A veces, más que castigar y ¡venga! ¡Ahora te quedas dos semanas sin taller! Pues, a lo mejor, si hoy realmente has aprendido algo de lo que ha pasado y te hace crecer como persona, pues yo creo que eso, ya, está bastante bien. Y hay ideas que a mí me han parecido muy bien. Yo para seguir hablándoos de la historia de estos objetos, os contaré que, como escenógrafo, el que hace los decorados, me parece que muchas veces en el mundo del arte se gasta mucho dinero en materiales y que esta escenografía, de “Synectykos”, la obra que estamos representando, está hecha toda con objetos encontrados, objetos antiguos, que había gente que no los quería y los tiraba. A mí me gustó recoger todos esos objetos que me parecen muy bellos porque tienen una historia, te cuentan mucho de su historia, de lo que han pasado, tienen una vida, y eso me gustó para trabajar en nuestras escenografías. Entonces, a lo largo de muchos años, como a mí me han gustado tanto estos objetos antiguos, los he ido recogiendo. Y os los he traído. Todos tienen una pequeña historia. Eso, claro, trasciende del valor del dinero, ¿cuánto vale esto? No, se le da un valor que no es el económico. Y, si os ha gustado esta forma de trabajar ya me doy por contento. Yo estoy muy contento de la sesión de hoy, de cómo hemos trabajado, creo que han salido cosas muy interesantes y he disfrutado mucho. Yo me quedaría con eso y me parece que, si os parece bien, ya que hemos empezado a trabajar con objetos, ¿os parece bien, que fuéramos juntos reuniendo materiales, haciendo nuestra propia escenografía? Y que fuera una escenografía hecha con objetos a los que nosotros tenemos cariño o que creamos que puedan servir para hacer este juego escénico mezclando cosas que aparentemente no tienen que ver unas con otras, que puede que no tengan relación, pero que si las juntamos podemos contar una historia o inventarnos un mundo, que imaginar cosas juntos es algo muy interesante. No sé, ¿qué os parece?

 

Aiala: Bueno, yo os quiero decir que agradezco vuestras reflexiones, pero que me quedo un poquito… vamos, que yo no soy tan buena como Ícaro, y creo que me tenéis que demostrar, o nos tenéis que demostrar, que realmente queréis estar aquí, porque esto que veníamos a hacer hoy parece que no cuesta, pero esto lleva muchísimas horas de trabajo. Cuando empezamos a diseñar este proyecto de ‘Nuevos creadores’ pensamos en este colegio. Pensamos en vosotros. Queríamos llevarlo a cabo aquí. Y, ¿qué es lo que pasa? Que llegas, pones toda la carne en el asador y ves cómo las cosas se van cayendo, rompiendo, te pones muy triste. Agradezco mucho todo lo que habéis dicho, y me lo llevo y, a ver, que no hay que perdonar nada, que las cosas pueden suceder, las cosas se pueden romper, está bien que uséis todo, que lo manipuléis, pero siempre que lo hagáis con respeto y, no os voy a decir que con amor, pero, como si fuera algo delicado, algo vuestro que no queréis que se rompa. Y moverlo, jugar con ello, os invito a eso, pero siempre con cuidado. Yo os he escuchado muchísimas cosas superbonitas, y yo quiero, en la próxima sesión, ver pequeños cambios que, a mí, me den un poco de luz y pueda decir: ay, que ganas tengo de seguir trabajando, de seguir moviendo esto. Tengo pensadas muchas cosas para hacer juntos. Me quedo con todo esto que habéis dicho y creo que sois personas muy mayores, maduras, porque por lo que estoy oyendo se ve que tenéis la cabeza muy bien amueblada y podemos aprender a estar todos juntos y os animo a que el próximo día, desde que entremos por la puerta, veamos un cambio en vosotros y nosotros podamos decir ‘tenemos ganas de seguir trabajando’. Porque, de no ser así, todas las ganas que teníamos van a ir bajando. No sé si os ha pasado alguna vez. Tenéis una ilusión muy grande por hacer una cosa, te pones, y al final cada día pasa algo que te vas a casa y puff. Y otra vez. Y otra vez, llegas a casa y ‘jo’, algo no ha funcionado. Uff. Así, no. Todos tenemos que poner algo de cada uno, de nuestra parte, para que esta ilusión siga ahí y lleguemos a junio con muchas ganas diciendo: ¡que guay ha sido este curso¡ Así que yo no tengo más que decir, y creo que no hay que dar muchas vueltas a esto. Todos tenemos claro lo que ha pasado y con pequeños actos iremos cambiando y se demostrará que es cierto lo que habéis dicho.

 

Conversación final entre el grupo y la relatora:

 

Relatora: A mí me ha gustado mucho lo que ha dicho uno de vosotros: que si habéis terminado haciendo el bruto o el tonto, ha sido porque al salir y estar ahí no sabíais qué hacer y lo más sencillo fue salir del paso tirando las algas o haciendo el bobo. Y creo que cuando uno está inseguro y hace algo que resulta finalmente violento o bruto, pero no quería agredir, es porque tiene miedo. Miedo a hacer el ridículo, a quedarse parado y a que no se le ocurra nada, y a quedarse ahí como un pato ‘mareao’. Y entonces, para salvar la situación, no piensa, se evade y echa risas, y se le olvida lo que siente, y trata de salir como puede de la situación. Y, lo que estás sintiendo es mucho miedo pero no te atreves ni a pensarlo. Entonces, cuando sintáis mucho miedo, mucha inseguridad, y estemos todos aquí, es mejor pedir ayuda a un compañero, a una compañera, intentando entre los dos improvisar algo. El miedo es una emoción normal. ¿Cómo se supera el miedo?.

Niña:  Enfrentándote.

Relatora: ¿Cómo te enfrentas al miedo?

Niño: Echándole cara (risas).

Relatora: ¿Qué es el miedo?

Responde uno: Hay muchos tipos de miedos.

Añade otra: Algo que te pasa, algo que te asusta.

Relatora: ¿Por qué te asusta?.

Un niño: Por tus emociones puede ser.

Otro: No sabes qué hacer y te paras.

Una niña: Porque te crees que no vas a poder con la situación.

Relatora: Crees que te faltan recursos para afrontar esa situación. Es una amenaza tan poderosa y tan fuerte porque no tienes nada que hacer, y el miedo, te va a vencer. ¿Cómo vencer al miedo?

Responde uno: Haciéndote más grande.

Añade otro: Fortaleciéndote.

Relatora: Claro, buscando lo que tienes, echando mano de tus fuerzas, de tus poderes. Si te crees que no tienes nada, te vence. Para vencer al miedo tendrás que buscar algo que ya tienes, para poder hacerte fuerte, fuerte en lo que tienes. No dejar que la inseguridad te paralice. Siempre tienes algo. Puede ocurrir, aquí, que tengas miedo escénico; salir y que todo el mundo te vea, a otros, les da vergüenza. Te sientes inseguro y ridículo haciendo como si bailases. Piensas que tú no sabes hacer eso. Estás tan aturdido que no escuchas ni la música. Sentir es algo que está muy bien. Y está muy bien que expresemos nuestros sentimientos, que hablemos sobre ellos. Y que nos demos cuenta que aquí, es muy importante, si queremos hacer arte, sentir. Y es muy importante ser consciente de lo que estás sintiendo. Tenemos que estar más pendientes de nosotros, del sentimiento que deseamos expresar, que de los demás. Ser observadoras, observadores de nosotros mismos. No se trata de estar pendiente de ser gracioso o caer bien; mejor estar más pendiente de qué me pasa y hacer las cosas con sentimiento. Si me asalta el miedo, ¿qué hago? Vivir eso. Soy una cagueta, ayúdame. Muy importante para hacer arte, saber lo que siento y hacer lo que hago con sentimiento, con emoción. ¿Qué hago con lo que siento?, ¿cómo lo expreso? Hasta no hacer nada, si lo hacemos desde ahí, será arte.