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¿Qué es la creación colectiva? 

Responde Colectivo Lisarco

 

Una planta rizomática no tiene un centro y no hay una frontera o delimitación, sino que se compone de un número de nodos semi-independientes, que son capaces de crecer y difundirse por sí mismos, y que están limitados, únicamente, por las características de su propio hábitat”. 

(Cormier, 2008).

 

 

 

Después de once años de creación colectiva, Colectivo Lisarco ha observado que cuantas más personas en sinergia miran, enfocan, comparten y trabajan juntas, más cerca estamos de aproximarnos a procesos creativos compartidos que generan un nuevo arte público, y que cuestionan las especializaciones y actuales divisiones profesionales y el mismo concepto de arte.

 

En grupo, en comunidad, brotan las respuestas rizomáticas y un nuevo conocimiento mediado y dinamizado entre situaciones y realidades donde todo, incluidos los participantes, están en constante transformación, surgiendo nuevas y cambiantes respuestas complejas. La vida es entropía, una metamorfosis continua.  

 

D. Cormier enfoca el currículum desde una perspectiva rizomática: “En el modelo rizomático del aprendizaje, el currículo no está impulsado por las entradas predefinidas de los expertos, sino que se construye y se negocia en tiempo real con los aportes de quienes participan en el proceso de aprendizaje. De esta manera, la comunidad actúa como un plan de estudios espontáneo para la formación, y la construcción y la reconstrucción del mismo, así como el objeto de su aprendizaje, actúan de la misma manera a como el rizoma responde a condiciones ambientales cambiantes (y como metáfora del concepto de red)”.

 

 

¿Qué pasos dais para conseguir algo creado colectivamente?

 

Fundamentalmente trabajamos en grupo sobre una propuesta nacida de alguno de nosotros o surgida como fruto de una conversación; cada uno realiza aportaciones y sugerencias a esa propuesta.

Pero nuestra forma de dialogar no siempre se basa en palabras; el gesto, el movimiento, la comunicación no verbal, en definitiva, forma parte de nuestro modo de comunicar sentimientos, emociones, vivencias, sugerencias. En este sentido, entendemos que la danza y la expresión corporal son un medio potente de comunicación y solemos recurrir al lenguaje bimodal.

En este proceso pretendemos que la individualidad no se diluya en el colectivo y que lo que este genere nazca de la integración de las aportaciones individuales, poniendo atención en respetar la autoexpresión.

 

¿Por qué tanta importancia al proceso?

 

El proceso artístico se construye con los pasos que un artista va dando intuitivamente guiado por su necesidad de expresar, de comunicar algo. Cada una de nosotras partimos de ahí, de nuestro interior, y mostramos nuestra originalidad. Pero no es un proceso solo individual, es una puesta en común sinérgica donde cada cual aporta su saber, saber hacer, saber ser. Y así hemos creado nuestras piezas de danza; durante ese proceso vivimos el arte, vivimos con arte.

 

Cuando nos reunimos con la comunidad o grupo con el que vamos a colaborar incorporamos a todos y todas a ese proceso que iniciamos nosotros, y que desde la apertura, la flexibilidad y la sinergia va fluyendo. Y hemos visto que funciona: que en contacto con el público, este deja de ser espectador para participar activamente, de manera que sus aportaciones transforman el resultado. Así, se diluyen los papeles o se comparten varios a la vez.

Animamos a las personas que componen el grupo a que se dejen llevar y a que escuchen y observen tanto su cuerpo como los otros que se mueven junto al suyo. Y en todo este proceso es fundamental conectar, dejarse llevar por la emoción y el impulso interior. Conectar con respeto, negociando si puedes o no “tirar” de los demás.

Las interacciones, las relaciones cara a cara, generan una narración grupal que no le pertenece a ninguna individualidad, nace de todos, como algo diferenciado. Esos significados compartidos que surgen, donde cada cual mantiene su original modo de interpretar y representar en interrelación con el otro, transforman y hacen evolucionar lo propio a partir de lo sugerido y propuesto por los demás.

 

Bailar es nuestra manera de crear cultura cuando estamos solos y cuando nos reunimos con aquellas con quienes vamos a establecer una colaboración. Y no solo bailar, también proponer, elegir, seleccionar, optar por objetos diversos que nos sirvan para crear el espacio escénico en el que transcurre esa generación de historias donde confluyen y se interrelacionan las narraciones: multiplicidades diversas en contacto generando transformaciones.

 

¿Vuestra metodología se ha ido conformando sobre la marcha?

 

Sí, desde que nace Colectivo Lisarco continuamente investigamos sobre nuestra propia práctica. Planeamos, hacemos, revisamos y buscamos el modo de mejorar. Cuestionamos y escuchamos atentamente lo que tienen que decirnos los demás. En esta revisión continua cada uno aporta lo que tiene desde su historia, desde su formación, desde su propia visión.

 

Nos preocupa mucho la accesibilidad y la visibilización. Buscamos maneras de hacer accesibles las prácticas artísticas a colectivos que no tienen tantas facilidades para su acceso; por propia experiencia sabemos lo difícil que es ser reconocido como artista si tienes diversidad funcional y los impedimentos que la sociedad pone para tu formación y reconocimiento profesional.

 

En las prácticas colaborativas, participativas, participadas y participantes cobra especial importancia que todos y todas podamos manifestar los problemas que van surgiendo, aclarar ideas juntos, construir en grupo nuevos planes de acción para superar juntos los escollos, haciendo realidad nuestros sueños individuales y grupales. Y no deja de sorprendernos cómo en movimiento, antes que a través de la conversación, se llega a acuerdos y negociaciones.

 

Observándonos aprendemos de nosotros mismos. Explorando, experimentando, hablando sobre lo que hacemos, compartiendo lecturas, aprendiendo de otros grupos, intercambiando, compartiendo, proponiendo y dejando que cada cual, a su ritmo, a su estilo, experimente, vivencie y transforme la propuesta según sus propias necesidades y apetencias.  

Y es a posteriori cuando descubrimos que hemos iniciado de manera natural una investigación en torno al lenguaje coreográfico, el arte, los sistemas de comunicación aumentativos y alternativos, o la metodología y/o las adaptaciones curriculares.

Y es que en nuestra práctica llegamos a la investigación/acción de manera orgánica, de manera que son los participantes, de manera activa, quienes establecen las problemáticas y consignas, la resolución de éstas y las conclusiones. No se trata, pues, de procesos sistemáticos, sino de un estilo básico de resolución de conflictos durante la acción.

 

Aprender a hacer las cosas en horizontalidad y con calidez, ternura y diálogo es un camino “jugoso” y lento que nos lleva a nuevos espacios sociales creados colectivamente, no solo a hacer una performance; nace algo relacional entre participantes.

 

¿Sois artistas? ¿Educadores? ¿Arteducadores?

 

(Risas) No creemos en las especializaciones, creemos en las prácticas colaborativas, en conseguir diluir los papeles, los roles sociales. Siempre que haya deseo de hacerlo, de todo se puede aprender, y en ese sentido somos aprendices.

No todos consideramos que el arte sea un vehículo de aprendizaje, ni que el aprendizaje tenga que ser la finalidad de nuestras acciones, aunque efectivamente comprobamos que esas acciones emprendidas nos hacen crecer.

 

El aprendizaje es algo individual que se produce o no por voluntad, entrega y compromiso del aprendiz; consideramos que el arte, por su parte, más que un vehículo de aprendizaje es un vehículo de autoexpresión, representación y comunicación.

Del proceso artístico se aprende o no, porque el aprendizaje requiere propósito, compromiso, autoreflexión, ensayo, error. Y conciencia de todo ello.

 

La experiencia colaborativa nos ofrece la oportunidad de “enseñar aprendiendo y aprender enseñando”. Rompe especialidades y papeles preconcebidos, nos permite descubrir nuevas subjetividades identitarias. Así, seguramente enseñamos a otros como otros nos enseñan a nosotros; somos creadores y espectadores del arte, al igual que la persona que está junto a nosotros.

Es, en definitiva, cada participante el que lidera su propio proceso de construcción del aprendizaje y quien descubre en sí mismo nuevas identidades.

 

Las prácticas colaborativas implican el uso de una metodología cooperativa que promueve el desarrollo de las relaciones sociales, el aprendizaje entre iguales y el aprendizaje de todos y todas. Siendo esto así, aprenderemos de la vida y para la vida junto a los que conviven con nosotros, y este intercambio compartido nacerá de manera natural.

 

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